7º reto escribelandia: DESEO NUNCA DEJAR DE DESEAR, de Inés María Teso

Este 2023 soñé que soñaba. ¿Por qué? Porque lo que nos hace sentir vivos es el afán de mejora para nosotros y los demás, y más en mi caso. Para mí la vida es un reto continuo y me entusiasma. Lo malo viene cuando los eventos resultan ingratos y no deseados; ésos sí son auténticos desafíos que nos prueban la fuerza de voluntad de hierro.

El 22 me dejó una buena montaña de piedrecitas en el camino que me mandaron al límite del abismo de mi paciencia: sorpresas médicas, laberintos personales, pesadillas laborales, barreras económicas… También descubrí todo un universo de fascinantes y temibles pensamientos propios y ajenos así como mundos imaginarios y muy reales. Orgullosa esperé pegar una patada al 22 deleitándome con las uvas para despedirme de él y abrazar el 23; ojalá sea un número mágico de la suerte aunque sea extraño, impar y primo, lejos de mis 5 y 2 favoritos.

Es 1 de enero del 24, día para echar la vista atrás del 23. 

Me cargué la mochila de ilusiones y sueños no poco ambiciosos pero sí plausibles. El capricho de mi revista creativa lo guardé con mimo en mi mejor cajón de los recuerdos; mis nuevas melodías las inserté en el viejo tocadiscos; aquel libro de mis relatos lo ubiqué como un premio en una posición privilegiada en el salón sobre una preciosa y radiante balda de madera de nogal escogida escrupulosamente para tal fin. Afortunadamente volví a viajar, más bien volar, porque para mí explorar el mundo es echar las alas al vacío, confundirme en la niebla y comenzar a divisar maravillas naturales o humanas, véase la enigmática Angkor, el refrescante Niágara o la vertiginosa Dubái. También crucé mis miradas con viejas y nuevas almas valiosas; me distancié de las vacías que ya no me aportaban nada, ni siquiera su cariño (nótese la ironía). Continué explorando a lomos de magníficos libros históricos, ficticios y surrealistas sobre tesoros incalculables, objetos arqueológicos, historias auténticas sobre navíos sobrecogedores, paisajes fantásticos increíbles y, cómo no, series, películas y videojuegos, mayores culpables de nuestros principales sueños. Ha pasado todo un año por delante que me ha parecido un suspiro. 

Oh… qué sueño me entra… Se me escapa un bostezo. «Uahhh…» Me quedo frita.

Es el día siguiente: 2 de enero del 24. Me levanto. Me topo con el calendario sin mirarlo. 

¡Un momento! Me restriego los ojos. ¡No puede ser! Es 1 de enero del 23. Dispongo de un año entero de regalo para cumplir mis sueños. ¡Qué fortuna la mía! ¡Puedo hacer lo que quiera con 365 días por delante!

Recuerda: no podemos retroceder a otros años, sólo en sueños. Aprovecha el 23 para perseguir tus deseos aunque necesites seguir corriendo más años; y cuando te acaricie el ocaso final, muestra con orgullo tus logros y fracasos porque son sólo tuyos fruto de tu esfuerzo. Feliz Año 2023 ✔️💗

Escrito de nuestra Autora INÉS MARÍA TESO. Muchas gracias.

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